Hay una verdad cierta que debemos considerar: Todos vamos a morir.
Vamos a hacer un pequeño balance y a centrarnos en lo que debe ocupar nuestro tiempo: NUESTRO FIN ÚLTIMO, NUESTRA SALVACIÓN ETERNA.
Eclesiastés 1:2
¡Vanidad de vanidades! —dice Qohélet—. ¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!
Así comienza el libro del Eclesiastés.
Me imagino que muchos de vosotros os estaréis preguntando qué diantres es eso de Qohélet. Se trata de una palabra derivada del hebreo, cuyo significado es «asamblea», pero que traducida al griego queda como ecclesia. De ahí el nombre de Libro del Eclesiastés. El autor nos habla en primera persona pero como si fuera una comunidad la que lo hiciera.
El principio de la Sabiduría es el temor de Dios. (Proverbios 1:7; 9:10)

La lectura de este libro resulta desconcertante. En él encontramos unos postulados francamente negativos y pesimistas.
Parece que nada acaba bien en esta vida, pues todo resulta en vanidad y en caza del viento.
Sin embargo, se trata de un libro sapiencial, y por lo tanto está lleno de sabiduría.
Sabiduría de la buena, la que a nosotros nos interesa, aquella que nos abre los ojos, nos orienta a Dios y nos encamina bien, en la misma línea que los proverbios de Salomón.
El libro concluye bien. No acumula vanidad sobre vanidad para terminar con un grito desesperado y acabar como empezó, diciendo que todo es vanidad y que ese todo sea toda la vida, pues hay algo o Alguien que no lo es.
Eclesiastés 12: 13-14
13 En conclusión, y después de oírlo todo, teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es ser hombre. 14 Que Dios juzgará todas las acciones, aun las ocultas, sean buenas o malas.
Este libro nos hace reflexionar y centrarnos precisamente en aquello que sí importa.
Y si alguno ha pensado que esto esto está ya superado, ya que tenemos el Nuevo Testamento, os diré, con palabras del Qohélet, que nada nuevo hay bajo el sol… y que San Pablo nos dirá lo mismo en una de sus cartas.
Filipenses 3: 8
Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo.
No seamos avestruces espirituales y miremos hacia el cielo.
Salmos 73:25
¿No te tengo a ti en el cielo? | Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Ni qué decir qué Eclesiastés es mucho más de lo que os cuento, pero tendréis que leerlo para ahondar en su gran riqueza.
Desde la web de la parroquia os invitamos a observar, meditar y participar activamente usando como trasfondo este libro tan inquietante.
Será como un Eclesiatés muy actual de nuestra parroquia. Con sus dos vertientes: la vanidad y su contrapunto.
QUEREMOS QUE COMENTES. Apuesto a que tienes mucho qué decir sobre este tema.
Enumeramos unos puntos claves de partida. Además haremos desde aquí un pequeño movimiento de apertura para que dispongas de un modesto ejemplo a seguir:
VANO
- Acontecimientos vividos o conocidos famosos por no dejar huella en la vida de ninguno.
- Objetos inútiles que codiciamos un buen día y que terminaron «por desplumarnos» de alguna manera, ya sea económica, o moralmente, o bien las dos cosas.
- Personas
- Ídolos decepcionantes
- Personajes (famosos sólo por salir en TV, huecos por dentro)
- Situaciones o sucesos reales que nos hayan acontecido
- También de nuestro entorno. Cuestionemos nuestra cultura. Podéis ponerle un puntito de humor o ironía también, igualmente reflexionaremos sobre estos temas tan actuales.
- Cosas materiales que nos ciegan o nos dan fiebre.
NO VANO
- Realidades esenciales de nuestras vidas. Nuestros NO negociables.
- Personas
- Situaciones o sucesos reales que nos hayan acontecido
- Nuestro entorno.
- Santos, sus ejemplos y/o enseñanzas.
Reservamos un espacio para contar anécdotas y darnos consejos unos a otros.
Puedes añadir cosas que a mi se me hayan pasado por alto en la lista anterior. Y, por supuesto, ejemplos que se te ocurran sacados de la literatura o del cine.
San Pablo les exhorta por carta a los Colosenses:
31 Por tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; 32 aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Agustín de Hipona
Las Confesiones
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.
Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.
Damos comienzo a nuestras narrativas personales…
