Reflexiones
«Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos» (Hechos 1:14)
Hay un par de cosas ciertas. Verdades que todos sabemos pero que es evidente que en nuestra parroquia están fallando. Aunque esta sea mi opinión personal, el padre Ángel lo está diciendo a diario y no le hacemos caso. Iba a comentarlo esta mañana en la parroquia pero he optado por escribirlo y publicarlo para que pueda llegar a todos y no solo a los que asisten con más frecuencia a Misa.
No pedimos… y como no pedimos: no tenemos
Esta claro que Dios puede darnos lo que necesitamos sin que se lo pidamos, pero es más fácil que lo haga si lo hacemos. Y, si bien es cierto que Él conoce todas nuestras necesidades de sobra, debemos pedir ya que somos nosotros quienes le necesitamos a Él y no al revés.
Mi marido y yo, ayer tarde, recogimos las peticiones del buzón de la parroquia.
Por otra parte, hace días pedimos en el Grupo de Oración peticiones por los enfermos necesitados de oración de nuestra parroquia. Dedicamos una Hora Santa con esa intención y hay una lista confeccionada de todos ellos.
El resultado de estas dos acciones, bueno… esto no hay quien se lo crea.
Casi ningún enfermo y un buzón del que diré, que no soy pesimista, y de veras que me duele la expresión que voy a utilizar: está medio vacío…
¿Qué está pasando?
¿Timidez? ¿Miedo o vergüenza a los demás? Si es así, se trata de una manifestación de orgullo. O es que, francamente, no tenemos fe.
¿Por qué callamos?
Silenciar equivale a ocultar. Tenemos la boca muy chiquita.
«Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». (Mateo 18:20)
Y así nos lo recuerda una vez más el Evangelio:
«Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo». (Juan 14:13)
- Somos Iglesia, Cuerpo místico de Cristo.
- Cuando un miembro sufre, todos sufrimos.
- Cuando un miembro está alegre, todos nos beneficiamos.
- Todo lo recibimos de Dios.
Recibimos sus gracias inefables diariamente y, casi todas caen en saco roto; o no salen de nuestros hogares, o lo que es peor, de nuestras bocas.
- No adoramos,
- No reconocemos ,
- No bendecimos,
NO DAMOS GRACIAS.
No comunicamos ni hacemos partícipes al resto de nuestra comunidad parroquial de todas esas cosas que nos hace Dios y que dan felicidad a nuestros corazones.
¿Es que acaso no son importantes? Yo digo que mucho. Y si además, hasta Dios se ocupa de todo eso, y si encima, nos llena de gozo o tristeza el corazón.
Y, qué decir de nuestros problemas, luchas, enfermedades, pruebas…
También quedan silenciados en nuestra oración pública.
Santa Bernadette (la vidente de Lourdes) solía decir:
Si aceptamos de Dios las cosas buenas, ¿no vamos a aceptar las cosas malas?
Y también: Si el buen Dios lo permite…
Yo añado:
Siempre es para bien, y sobre todo para la mayor gloria de Dios aunque no lo veamos.
Lo aprendemos en nuestras vidas y lo leemos en San Pablo:
«Para los que aman a Dios todas las cosas les sirven para bien»
Aquello que en apariencia es malo, Dios lo torna bueno.
Estamos limitando el poder de Dios. Y algo peor aún, le estamos robando a Dios, nos estamos apropiando de su gloria ya que, o no se la estamos dando, o no le correspondemos por su bondad hacia nosotros.
Hagamos partícipes a nuestros hermanos de todo ello en comunidad y glorifiquemos a Dios con nuestro testimonio. No dejemos en el olvido la Obra de Dios.
Algunas citas para la reflexión:
«Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer». (Lucas 18:1)
«Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido». (1 Juan 5: 15)
«Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». (Mateo 18:19-20)
